Silvia Belmonte y María Eugenia De Filippis. Escuela de la Intuición

La intuición es certera, seguirla nos previene del error

«Yo sabía que esto iba a pasar», «Me dio mala espina», «algo me dijo que tenía que doblar por acá» ¿Cómo sería no cometer más esos errores? Algo así como confiar en esa certeza que uno escucha en su interior y hacerle caso.

¿Te imaginaste alguna vez entrenando tu intuición? Es una propuesta rara. En general vemos a la intuición como una capacidad extrasensorial o un “sexto sentido” más asociado a las mujeres o a seres con dones especiales.

Hace treinta años en Buenos Aires, Carlos Monti echó por tierra todas estas creencias al crear EDEI, la Escuela del Estudio de la Intuición, donde se enseña un método para que la persona pueda identificar en su interior el aviso de la intuición y así prevenir el error. En esa línea, sostiene que generar el hábito de seguir ese aviso modela el carácter y cambia la vida.

Qué es la intuición

Para salir del lugar común de lo premonitorio o esotérico entrevisté a dos maestras de EDEI, Silvia Belmonte y María Eugenia De Filippis, quienes explicaron a la intuición como un pensamiento que llega a la mente que tiene la función de prevenir y proteger al ser humano de cualquier error que pueda cometer.

Es un aviso que evita que la persona cometa errores. “La intuición es una capacidad biológica que todos los seres humanos tenemos y es cien por ciento certera.”, dice De Filippis.

En tal sentido, la intuición nos iguala entre las personas. “No es una capacidad más elevada, como la presentan algunas disciplinas o religiones que ven a la intuición como atributo de los iluminados que acceden a otros niveles de conciencia”, agrega.

Si bien tiene forma de pensamiento porque lo identificamos con el intelecto, el aviso de la intuición es un mandato natural que no se basa en ningún conocimiento previo que tenga la persona. No tiene que ver con las sensaciones o con los sentimientos, como el temor o el miedo. “La intuición está despojada de todo sentir, no tiene una raíz psicológica ni sensorial”, explican.

Tampoco es la voz de la conciencia, concepto que todos conocemos. “Seguir la intuición es más sencillo, no te presiona [como el “deber ser” de la conciencia], te protege”.

¿De dónde proviene entonces este aviso? “viene de la naturaleza, es un espacio como el instinto en los animales”. Esto implica descartar intervenciones divinas que tanto gustan. “Es más simple”, insisten.

Si es tan simple ¿por qué hay que estudiarlo?

De Descartes para acá primó la razón y atribuirle hoy un lugar preminente a la intuición es arriesgado. Según Silvia Belmonte esto se explica porque las personas no sabemos cómo funciona el mecanismo de la intuición, “por eso decimos ‘yo sabía que esto iba a pasar’ y después pasa, pero ¿por qué razón no pude seguir ese aviso?”.

De Filippis sostiene que “el hecho de estudiarlo e integrarlo hace que uno pueda seguirlo con certeza. Reconocemos que estamos siguiendo nuestra intuición porque aprendimos cómo funciona y, si no se estudia se seguirá sosteniendo a la razón como único mecanismo de evolución”. Si bien entrenar este hábito requiere de varios años, en cuatro meses el alumno tiene las herramientas para distinguir qué pensamiento es intuitivo y cual pensamiento es racional.

“Todas las personas tienen en su interior la respuesta, nosotros simplemente desempolvamos, despertamos en el alumno lo que está dormido”, explica. “Somos bombardeados constantemente por avisos de la intuición y ella actúa sobre todos los ámbitos de nuestra vida, por lo que, comprenderla e integrarla impactará en todos los ámbitos de nuestra vida”.

“Estamos acostumbrados a echar la culpa al afuera pero adentro nuestro tenemos la respuesta a toda la problemática social o individual. Tenés un problema de pareja, tenés un problema en tu trabajo o en tu comunidad, adentro tuyo está la respuesta de cómo hacer para modificar eso que es un hecho”, insisten. “Es la razón la que dice ‘no puedo’, ‘no me sale’, ‘mañana lo hago’, ‘no va a ser posible’. Nosotros mostramos que, si tu intuición está despierta, llevas tu vida hacia ese lugar vital. Y realmente un nuevo hombre nacerá”.

Propuesta aceptada por la ONU

Si bien el eje del aprendizaje es reconocer la propia intuición, la propuesta acuñada por Carlos Conti tiene un fuerte arraigo en la búsqueda del bien común como meta del colectivo humano. “El pensamiento intuitivo te integra en el mandato natural los valores morales, de los que tomamos cuatro principales: la nobleza, la dignidad, el respeto y la solidaridad. Con esos cuatro valores se puede vivir en paz”, explican las maestras.

“El ser humano busca solucionar el hambre, la inseguridad, las guerras por separado. Nosotros enseñamos que, si integra este mecanismo, con un pensamiento que está en el interior puede salir de todas estas problemáticas”, argumentan. Y con esta mirada respondieron a una convocatoria que hizo el Consejo Económico y Social de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a presentar propuestas que puedan modificar la conducta de las personas y así resolver los crecientes problemas de la humanidad.

“Hasta ahora todos los caminos espirituales y sociales que se conocen son para después del error, para subsanar las consecuencias de las malas acciones del hombre en el planeta, en la sociedad, en su familia. Nosotros enseñamos que esa conducta que lastima -a veces conscientemente y otras inconscientemente- se puede prevenir porque recibimos un aviso sobre qué es correcto y qué no”.

De ahí la importancia de la visita a la ONU, de la cual EDEI se constituyó en órgano consultivo: “mostramos que tenemos la forma de que la persona salga de la instancia violenta y de la decadencia en la que está viviendo, ya no para subsanar sino para encontrar algo que está antes y que permitiría no tener que padecer la falta de agua, de espacio, la discriminación ni la muerte por avaricia. El hombre está muriendo porque no encuentra la forma de salir de estos problemas. Este método que es sencillo porque es biológico, permite encontrar un espacio distinto”, explica Silvia Belmonte.

Por EDEI pasaron más de 13 mil alumnos y algo muy llamativa es que no cobran matriculas ni aranceles para tomar clases. “No intercambiamos bienes morales por bienes materiales, porque si no, nuestro alumno pasaría a ser un cliente, así que sacamos eso del medio y simplemente damos un conocimiento. Esa legitimidad, esa pureza, permite que el alumno crezca, se despierte porque se sostiene una pureza donde no se saca un provecho”, explican las maestras.

La actividad de la institución se sostiene con varias líneas de producción. Una de ellas es la elaboración de la Yerba Mate Tyga, una yerba misionera mezclada con Moringa que traen especialmente de la India. La mayoría de los maestros no cobran salario por su trabajo en EDEI porque optaron por ello como su misión en la vida, indican.

Se les nota el optimismo y es su estandarte. “Sabemos que el ser humano no está acabando con su especie. En los medios y en las organizaciones como la ONU se está con un pensamiento urgente, como que la humanidad está en emergencia, que ya no hay alternativa. Nosotros sabemos que no es así porque, viviendo cotidianamente con la intuición, nos damos cuenta que el hombre va hacia la convivencia pacífica entre los propios seres y con su entorno. Sabemos que hay una esperanza que ya fue sembrada y eso nos moviliza a seguir adelante”, afirman.

“Es su cambio de paradigma: dejemos de ‘aprender del error’, tomamos el error como un medio para despertar a algo nuevo, que es la intuición”. La vida es más sencilla, uno no tiene que «renunciar a», sino tiene que escuchar «cómo, cuándo y dónde». Solo escuchar a esa guía interior.

VIDEO de la entrevista

AUDIO de la entrevista

La intuición es una capacidad que todos podemos desarrollar si seguimos nuestro aviso

Monica Baum, febrero 2020