Gabriela Arias Uriburu. Cita con el depredador

«Yo no voy a matar». Mi deseo de venganza fue el enemigo íntimo que me llevó a sanar.

 

Mucha gente conoce la historia de Gabriela Arias Uriburu y su lucha luego de que su marido secuestrara a sus tres pequeños hijos y los llevara a vivir a Jordania, pero pocos conocen lo que ella hizo consigo misma tras el desastre.

Hija de padres divorciados luego de una separación muy dolorosa, Gabriela reconoce que en el medio del profundo desgarro que fue quedarse sin sus hijos, en su interior surgieron, juntas, la voz de la hija que vivió la separación de sus padres y la de la madre que estaba viviendo esta situación con sus hijos. “Eso fue lo que hizo surgir en mí una tarea que puso en relieve a los hijos y todo lo que empecé a hacer era en favor de ellos: restituirles la vida, restituirles la familia”, sostiene.

Pero esto no fue suficiente, la tragedia que irrumpió en la vida de Gabriela Arias Uriburu la obligó a enfrentarse a su propio deseo de venganza y muerte, a su enemigo íntimo. En su momento más oscuro, enajenada por el impulso de matar para rescatar a sus niños, comprendió que tenía otra opción y tuvo que tomar una decisión. Fue ahí cuando se dijo: «yo no voy a matar».

Ese fue el hecho que la inició en una labor consigo misma y con ello, una tarea muy poco cómoda como lo es el trabajar con el propio depredador que todos llevamos dentro y con la posibilidad de transformarlo en un camino de redención.

“Toda situación trágica, lo primero que convoca es a la perpetración y a la víctima, víctima y victimario”, reconoce Gabriela. “Todo el tiempo la vida nos está sacando de la comodidad a través de un despido, de una relación violenta, de la muerte de un hijo, de un accidente trágico, de la enfermedad.

Estas situaciones podrían dejarnos en un lugar de víctimas, y ahí está el punto: cuando me despidieron del trabajo, el jefe es el victimario y yo soy la víctima. Si me quedo en esa pareja psíquica voy a estar perpetrada hasta que despierte al hecho de que esa perpetración no solo se expresa en el afuera sino que existe adentro de uno mismo”.

Para explicarlo Gabriela pone un ejemplo propio:

“Cuando Imad desapareció con los chicos, en mi cabeza comencé a convivir con todas las ideas más terribles de lo que yo podría hacer: matar, matarlo, contratar sicarios. Pero la gota de sangre caía dentro de mí y me iba enajenando. Empecé a darme cuenta que yo era capaz de matar. Había una parte mía que estaba buscando a los chicos y había otra que quería matar. 

Hasta que un día, totalmente tomada por ese dolor, pensando que lo mejor que podía hacer era prepararme para matarlo, que lo maten y me devuelva a mis chicos, que no era justo y con todo mi clamor hacia Dios… en ese momento mi papá me dijo «no te preguntes el Porqué, preguntate el Para qué». Lo abracé y comprendí que con esto algo tenía que hacer.

Y ahí fue cuando le dije a mi enemigo íntimo «Yo no voy a matar, vos y yo, juntos, vamos a hacer un camino de sanación, de reconstrucción, un camino de luz. No un camino de muerte, un camino de vida”.

Gabriela aclara que esto no quiere decir que ahí se resolvió todo sino que empezó un camino de trabajo junto a su perpetración. En esa etapa también empezaron a venir las ofertas para recurrir a los comandos y tuvo que seguir decidiendo que no a la muerte. “Fueron muchos años y de diferentes maneras; se fueron presentando en mi vida y en la de la fundación situaciones donde hubo que elegir NO a la perpetración”.

Incluso reconoce que entre sus ancestros hubo perpetradores y, como sostiene la filosofía de las Constelaciones Familiares, ella también los carga. “Pero ya no es para infundir el cuchillo sino para reconciliarnos, estoy invirtiendo esa polaridad hacia la reconciliación”, dice.

 

Desmitificar el aspecto negativo de la violencia

Este camino de autoconocimiento que propone Gabriela Arias Uriburu tiene otro desafío inquietante: «el poder curativo de la agresión», parafraseando el título del libro de Rüdiger Dahlke (coautor del reconocido libro «La enfermedad como camino»). Él dice que la humanidad necesita de la agresión, el sistema inmune, por ejemplo, es agresivo, ataca para defender al cuerpo.

“Esa agresión es muy importante porque nos lleva a tomar responsabilidad frente a ella y a la fuerza. Tu enemigo íntimo viene a que vos tomes tu fuerza, a que puedas decir No y que puedas decir Sí, a que te vuelvas adulto responsable. A que, cuando te ocurre un hecho y sale tu depredador vos respondas, pero no en reacción, en revanchismo, sino igualándote.

Hay un lado mío que es revanchista, alienado, a ese lado mío lo invito todo el tiempo a construir. Entonces, tomar el poder es reencontrarse con la propia fuerza que está en el inconsciente, donde se alojan todas las posibilidades y potencialidades, ese diamante que somos y que realmente nos cuesta mucho descubrir”.

 

El perdón no alcanza

«A mí no me alcanzó el perdón, dice con énfasis Gabriela. El perdón no es suficiente, el trabajo con el depredador tiene una octava mayor que es espiritual. Lo que te proponen las religiones es el bien o el mal, pero es el bien Y el mal. Es la reunión, es como el día y la noche, la tristeza y la alegría.

La vida tiene dos polaridades y el trabajo con el depredador es un trabajo de redención, es abrazarlo, es decirle «vamos a hacer vida juntos». No es negarlo, cuando lo negás se convierte en algo mucho más fuerte.

El desafío es reconocerse depredador y trabajar esa reconciliación adentro de uno mismo. Es una tarea continua y con diferentes niveles de profundidad”.

 

El reclamo del movimiento de mujeres

Desde este enfoque particular, Gabriela Arias Uriburu reconoció la actual lucha de reivindicación de las mujeres. “Lo que está pasando es muy importante, aún con la violencia. La violencia habla de mucho dolor no sanado, de una herida ancestral que busca la reconciliación. Porque el perpetrador no puede estar en paz hasta que no se encuentre en paz con su víctima.

Hay una enorme labor de cada persona con su propia historia de vida en ese pedido por los derechos. En estos reclamos se presenta el dolor, lo perpetrado, al perpetrador y su víctima, y habrá que dar ese próximo paso de querer estar en la vida.

Tal como propone el enfoque de las nuevas Constelaciones Familiares, es muy importante mirar a las víctimas, reconocerlas y dar el paso siguiente que nos pone en una acción superadora: «ahora yo por mí”, dice.

 

Además de la Fundación Niños Unidos para el mundo que creó, se dedicó a desarrollar espacios y talleres para ayudar a las personas a conocerse y sanar. Uno de estos talleres gira en torno a reconocer e integrar al propio depredador para salir de la polaridad víctima / victimario, y sanar. El mismo fue compilado por Gabriela Arias Uriburu de una manera entre didáctica y testimonial en el libro “Enemigo íntimo. Cómo sanar las relaciones”, publicado recientemente por Kier.

Todo el trabajo es con uno mismo. Cuando uno se pone a hacer el camino de autoconocimiento, la vida se va a transformar. Mientras tanto sólo va a haber hechos; hechos que te van a golpear, te van mover el piso; la vida va a golpearte todas las veces necesarias y posibles hasta que vos pongas tus ojos en vos”, concluye.

 

VIDEO de la entrevista

 

AUDIO de la entrevista

Enemigo íntimo ¿Cómo sanar los vínculos? El nuevo libro de Arias Uriburu

Monica Baum, julio 2019