Gabriela Arias Uriburu. Constelaciones Familiares

“No me mires por lo que padecí sino por lo que hice de mí y estoy viviendo hoy”

Gabriela Arias Uriburu salió pronto -y no sin dolor- del lugar de la víctima, del “por qué me pasó esto”, al del “para qué”, e hizo de su vida una historia de empoderamiento que inspira a otros a lograrlo también. “Fue permitir a mis hijos que no miren la muerte, lo pasado, sino a la vida.”

La tragedia de Gabriela Arias Uriburu es bastante conocida, la que no es tan conocida es su historia de transmutación interior que la llevó, no sólo a sobrevivir al secuestro de sus tres hijos por parte de su ex marido en 1997, sino a convertirse en un referente mundial en la defensa de los derechos de los niños multiculturales y, además, a dedicarse al desarrollo personal a través de las constelaciones familiares, conferencias motivacionales y al asesoramiento personal.

De su adolescencia en Argentina, Gabriela remarca el impacto que tuvo en su familia la separación de sus padres. “Sufrimos mucho como hijos porque fue una separación muy conflictiva y esa historia me ayudó mucho en la siguiente, la que iba a vivir yo como mamá”. Cuenta que hubo una etapa en que dejó de ver a su padre para acompañar el dolor de su mamá, pero, tras una adolescencia difícil, era urgente recomponer el vínculo con su papá, quien estaba en Guatemala por funciones diplomáticas para el gobierno argentino. Eso la llevó a instalarse en Guatemala donde, además, comenzó a estudiar comunicación social, carrera que no terminó para casarse con un hombre de origen jordano. Pese a la recomendación de las familias de ambas partes de que no se casen, lo hicieron y tuvieron tres hijos. Pero, al poco tiempo de que nazca el tercer niño, comenzaron el proceso de divorcio.

En la mañana del 10 de diciembre de 1997, el día en que la justicia guatemalteca le dio a Gabriela la tenencia legal de sus hijos, su esposo desapareció con los tres niños. Karim tenía 5 años, Zahira iba a cumplir 4 y Sharif tenía 1 año y ocho meses.

En el medio de la tragedia y sin noticias de sus hijos ni una alternativa para reencontrarlos, salió a los medios para lograr el apoyo social y de los Estados argentino y guatemalteco. Durante tres meses no supo dónde estaba, ni siquiera si estaban vivos. La historia del hallazgo y el trabajoso reencuentro en Jordania con sus hijos, está plasmada en tres libros escritos por Gabriela: “¡Ayuda! Quiero a mis hijos”, “Jordania. La travesía” y “Después de todo”.

 

La supremacía de los derechos de los niños

“Esta historia me mostró una problemática mundial, la de los chicos que son llevados por algunos de sus padres de matrimonios multiculturales. Argentina no tenía idea, pero en Europa ya hubo muchos casos para ese entonces, pero los Estados no lo estaban resolviendo”, cuenta.

Ahí aparece una primera decisión de Gabriela Arias Uriburu que marcaría un rumbo crucial a toda la historia: “Todo el mundo estaba posicionado en la defensa de la madre o en la defensa del padre, pero nadie estaba cuidando, defendiendo o protegiendo a los niños, lo cual me puso en el papel de una mamá que pone en supremacía la defensa de los niños que están viviendo estas circunstancias”.

Esto lo pudo hacer gracias a su propia historia de vida. “Yo uní en mí a la hija de Juancho y Manena con la madre de Karim, Zahira y Sharif y, juntas, hicieron la composición perfecta para afrontar esta situación. Para ser esa madre yo tenía el asesoramiento de la hija que fui, por eso rescaté y pude poner en valor el lugar de los hijos”.

“Todavía el adulto cree que el chico le pertenece, como te pertenece el auto o el país. El niño sigue siendo objeto. Todavía falta para que se comprenda que, como dice la Gestalt, el niño es más que papá y mamá, pero para llegar allí tiene que conjugarse algo adentro tuyo”.

 

La abuela de Salta a la que también le sacaron los hijos

A esta comprensión lograda inicialmente desde la intuición, Gabriela la iluminó con las Constelaciones Familiares. “En ese método encontré la unión entre lo pasado y lo presente, entre lo que había ocurrido en la historia de los abuelos y bisabuelos, porque todo lo que ocurrió en nuestra historia familiar, si no está resuelto, si no está en paz sigue ocurriendo en nuestro presente”.

Si bien, tomó las Constelaciones Familiares recién en 2006 gracias a la amorosa guía de su hermana Marcela, Gabriela cuenta que en 1999 la vino a visitar una prima salteña con el objetivo preciso de contarle la historia de su abuela paterna a la que, en pleno divorcio, también le sacaron sus chicos. “Ahora puedo contarlo porque papá ya no está y él me había pedido no hacerlo mientras él esté. Hay historias en las familias que no se cuentan por vergüenza, por dolor, y es muy importante traerlas a la luz porque si no, las historias que no están resueltas se vuelven a vivir en las generaciones vivas”, dice.

Conocer esa historia fue muy inspirador para ella. “Todo ese tiempo sentí que tenía que reivindicar el lugar de madre y el de mujer, y eso significa preguntarse qué es ser madre, que no es una maternidad que se apropia de los chicos y los vuelve a traer al útero, sino que es una maternidad que recompone, que abraza a los hijos más allá del dolor pero no les habla del dolor, una maternidad que no llevaba mis heridas a ese lugar, sino que me ocupaba de las mías en un ámbito terapéutico y, con ellos, busqué que se revincularan con todo lo que ellos necesitaban, que era la fuerza, la abundancia, la vida”.

Cuenta Gabriela que, en el año 2006, una sobrina se estaba separando y, en plena discusión marital, aparece nuevamente la amenaza de que el hombre si iba a quedar con la hija de la pareja. Al ver que se repetía la historia en una tercera generación, su hermana la convence de hacer Constelaciones Familiares para intentar sanar el sistema familiar. “Esto fue un camino de ida”, dice Gabriela sobre el método creado -y ahora modernizado- por Bert Hellinger.

¿De qué trata esta actualización? “En las nuevas constelaciones familiares, ya no vas a constelar lo que pasó con tu abuelo, por ejemplo, sino que vas a constelar el enojo, la ira, la falta de dinero, van mucho más unidas a lo que está proponiendo la física cuántica. Porque entrar a la historia trae más dolor al sistema, más enfermedad. Es decirle al abuelo: ‘Ya está, ya te veo’. Ya tan solo ver y honrar esa historia es todo, es la reconciliación que se conforma en mí.”

 

Todo, como va sucediendo, es perfecto

Conociendo la dramática historia de Gabriela Arias Uriburu es difícil comprender cómo logró mirar al padre de sus hijos y decirle: “ya está, ya no hay ningún precio más que pagar. Y a partir de ahí, mirar a nuestros hijos y que ellos puedan mirar a la vida”.

Lo explica con mucha paz: “Todo, como va sucediendo, es perfecto. Es levantarte con todos tus miedos y decir ‘todo, como está siendo, es perfecto` porque la angustia, el miedo, son todas emociones sagradas porque vienen a decirte algo, el tema es qué hago yo con eso: si tomo esa información o simplemente dejo que habiten en mí y me conviertan en una persona enojosa, en una persona angustiante”.

Todo tiene un propósito, un para qué. “El ‘por qué’ es la pregunta desde la víctima, pero preguntarse el ‘para qué’ es decir: ‘bueno, yo con esto algo voy a hacer’”, insiste. Porque, además, cuando nosotros resolvemos algo todo nuestro sistema se ve beneficiado. “Yo veo a mis hijos pudiendo hacer otros movimientos. Todo lo que hago por mi propia vida va a ser inspirador para ellos, especialmente para Zahira”, su hija mujer.

Hay una decisión personal de pararme como adulta responsable: no es lo que me pasó sino lo que hice con ello y hoy, lo que yo decido ser. No es lo que el otro me da sino lo que yo soy. Y para ser, tenés que soltar y finalizar con millones de frustraciones que están escondidas muy adentro, iras, lágrimas no vertidas…”, agrega.

¿Aceptar es perdonar? “Es mucho más que eso –responde- es comprender que uno no es más que el destino, cuando comprendés que en el destino hay un propósito, entonces fluís y sos parte activa, promotora. Entonces te convertís en una persona de paz, amorosa frente al destino”. 

Le pregunto si no querría ver a sus hijos más seguido. “A veces no hace falta. Nosotros pasamos por situaciones muy difíciles, muy dolorosas, y hemos trascendido. Ahora hay que poner toda esa energía en vida y no en muerte, no en seguir sosteniendo algo que pasó. Mirar a la vida, no a lo que pasó.”

Repite con aplomo: “No me mires por lo que padecí sino por lo que estoy viviendo, por lo que estoy haciendo hoy. Esa es la prueba fundamental de que para mí está resuelto todo. Y que mis tres hijos, desde donde han decidido vivir lo puedan ver, es fundamental. Todo lo que yo vaya a hacer con mi vida hoy, va a estar iluminando la de ellos”.

También hablamos de la felicidad y el bienestar, de la soledad, la solitariedad y de ser madre de uno mismo. Finalmente, todo tienen que ver con uno mismo. “Todo te lleva a vos. Todo lo que hay afuera es un lindo espejo que te muestra todo de vos”, concluye.

 

Gabriela Arias Uriburu, además de continuar con FoundChild, abrió un espacio terapéutico para personas que quieren trabajar sus posibilidades, organiza Constelaciones Familiares y otras disciplinas afines. También promueve actividades que tienen que ver con la mujer, como los talleres basados en el libro “Mujeres que corren con los lobos”, de Pínkola Estes.

Mientras tanto, visita asiduamente a sus tres hijos, ya adultos y profesionales.

 

VIDEO de la entrevista

AUDIO de la entrevista

“Me convertí en una madre que le daba supremacía al derecho de los hijos” Gaby Arias Uriburu

 

Monica Baum, noviembre 2018