Germán Baumgratz. Sobre el perdón

“Nunca le pido perdón a Dios porque él no está ofendido”

“¡Gracias a Dios soy un cura raro!”, dice Germán Baumgratz. Con humor y picardía comienza este nuevo encuentro con este sacerdote católico, nacido en Misiones hace 71 años aunque hace más de 40 años vive en Medellín, Colombia.

En nuestro encuentro anterior contó mucho sobre su vida personal y su visión del sacerdocio, de la iglesia y de lo que la gente busca.

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Esta vez nos convocamos para hablar sobre el perdón, concepto caro a la religiosidad cristina pero “refrescado” -para ser suaves- por las actuales concepciones que hacen eje en la autoindagación y en la responsabilidad individual respecto de la salud, de la felicidad y de la realización personal.

Aun así, intento partir de la concepción cristiana del “pecado” para hablar del perdón, pero me dice que no, que le gusta abordar ese tema desde lo humano y no desde lo religioso. “Cuando religioseamos esa palabra se suele usar un discurso que la gente no entiende”, confiesa.

Derriba de un plumazo varios mandatos religiosos que aún hoy proponen el castigo y el masoquismo de la penitencia como supuesta reparación de un error o del “pecado”, como si el perdón tuviera un precio que hay que pagar para conseguirlo. “Ese es un perdón discursivo que no es gratuito”, remata.

“Hay muchas creencias que son respetables, la iglesia necesita buscar la fidelidad al mensaje de Jesús, pero lo que a mí me parece central es el perdón a mí mismo. Todas las personas tienen el perdón dentro de ellas mismas, es una capacidad con la que nacemos, ahí está la realización”, insiste.

“En la propia palabra perdón ya encontramos su sentido primigenio, se trata de un don, de algo gratuito que no espera nada a cambio. Ver el perdón como algo gratuito cambia todo, cambia la relación con los demás y con uno mismo”, concluye.

Germán habla de tres dimensiones del perdón: perdonarse a sí mismo, perdonar al que entendemos que nos hizo daño y pedir perdón al que lastimamos. Pero aclara: “Nunca le pido perdón a Dios porque él no está ofendido conmigo. Él, como amor puro, no se ofende”.

E invita a “descomplicarse más”, perdonándose a uno mismo y aceptándose. “Eso es algo muy distinto que estar haciendo penitencias o castigarme, porque ahí me hago daño y me resiento. Eso se llama masoquismo. Al malo había que arreglarlo con castigo, pero lo ponemos peor”, reclama.

Guerrilleros y sicarios

Germán Baumgratz cuenta su experiencia con sicarios y guerrilleros, a quienes opta por recibir para simplemente conversar y no precisamente de la malicia de sus actos. “Si le hablo de la maldad, más os resiento, más los encasillo. No hago nada con ellos, solo les doy presencia porque Dios no se aparece, siempre está presente”.

Y sigue, “verlo así es muy distinto a andar detrás de Dios a ver dónde se me apareció, entonces busco alguna virgen que se aparece en una loma, en una iglesia, pero ¡no! Dios está presente, está en nosotros, con nosotros, entre nosotros. Dios también está en esas personas ‘malas’ y no las abandona. Cuando yo conecto con esa persona a nivel humano ella se va transformando. Pero cuando voy con un esquema preconcebido ella no lo capta.”

Sin esquivar el desafío que implica el perdón incluso a las atrocidades, y lejos del victimismo que proponen las clásicas interpretaciones sobre el perdón, Germán dice que la primera cosa para perdonar y perdonarse es hacerse responsable de que uno pudo estar equivocado.

Finalmente, propone ejercicios sencillos para aprender a practicar el perdón que no tienen que ver con el rito de “la confesión” de la iglesia católica, “donde sólo se consigue regaños”, agrega con su acidez ya conocida.

Ah! Este cura tampoco usa agua bendita: “toda el agua que cae del cielo es bendita”, reclama.

Accedé a la entrevista completa:

 

AUDIO de la entrevista

“Necesitamos perdonarnos a nosotros mismos” Germán Baumgratz, sacerdote.

 

VIDEO de la entrevista

 


Monica Baum. Julio 2018