Liu Ming, el médico chino del Papa Francisco

“Si uno no está bien ¿cómo va a dar amor al otro? ese amor es una pesadilla para el otro”

Liu Ming se formó en Medicina Tradicional China y hace 16 años que ejerce como tal en Argentina. Por un largo período, uno de sus pacientes fue el Cardenal Jorge Bergoglio, hasta que en marzo de 2013 fue electo Papa y se estableció en Roma.

Si bien este hecho fue interpretado como un puente entre el mundo occidental y el oriental, creía que esta entrevista me obligaría a un ejercicio de comprensión de una cultura, un método y un lenguaje completamente diferentes. Pero me sorprendió la perspectiva integradora y holística que Liu Ming tiene de la medicina y de la propia vida humana, que va más allá de su raza u origen cultural.

Cuenta que se hizo médico porque, cuando era chico, no tenía tantas cosas divertidas para hacer por lo que seguía a su papá que también es médico.

Vino a la Argentina por turismo pero la primera vez que pisó esta tierra sintió que acá algo tenía que hacer. Hace 16 años de eso y sus hijos son argentinos. Le pregunto si a ellos les cuesta integrar ambos mundos tan lejanos y me hace un gesto de No con la cabeza; “este mundo es un pueblo“, acota.

Vivió primero en las provincias de Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán, para finalmente instalarse en la ciudad de Buenos Aires. Aquí, además de ejercer la Medicina Tradicional China , creó una escuela de Tai Chi que agrupa, a su vez, varias disciplinas orientales.

Con un currículum extenso y nutrido, nos imaginábamos una explicación sesuda sobre la diferencia entre la medicina china y la occidental, pero Liu Ming lo aborda con una percepción conciliadora, poco frecuente entre médicos occidentales. Reconoce que, cuando vio que la gente en el interior del país usaba hierbas para curarse, siendo un recurso fundamental de la Medicina Tradicional China, comprendió que la medicina es similar en todos lados. “Dígame ¿hay un sol oriental y otro occidental? no, el sol es el sol. Entonces, la medicina es medicina.”, acomete con énfasis.

No obstante, yo insisto: “pero la visión que tiene la medicina china del cuerpo humano y de la vida es diferente a la occidental”, a lo que responde con sencillez: “Primero creía que sí, pero ahora ya entiendo que no. Es lo mismo. Toda la energía de esta tierra viene del mismo sol, entonces es lo mismo. Cómo miramos la naturaleza puede ser distinto, es como los verdes de las plantas, pero lo que representa es lo mismo”.

Retomo con los conceptos del ying y el yang, que no están presentes en el día a día de un médico occidental. “El ying y el yang son solo conceptos, en realidad lo tenemos en la vida cotidiana, es el día y la noche, el hombre y la mujer, adelante y atrás, izquierda y derecha, interno y externo. Se estableció un orden que se llamó ying y yang pero no hay diferencia con la realidad”, explica. Y concluye: “Si miro eso como una cultura, como una filosofía, es como que estoy mirando desde arriba. Sin embargo es algo muy simple, está en todos lados. Solamente le ponemos un nombre.”

Voy entendiendo por qué un hombre con tan sólida formación en la propia China se pudo adaptar a una cultura tan diferente, porque expandió sus conceptos y la comprensión de la singularidad humana.

Pregunto si el tan renombrado “Chi” es algo similar al alma. “Esa es una de las partes maravillosas de las dos culturas, la occidental y la oriental. En China tampoco hay una única explicación clara sobre qué es el Chi, es como mirar una pintura y percibir que te transmite algo desde adentro. En nuestro cuerpo pasa lo mismo, funciona porque hay algo adentro. Para explicar eso se le puso un nombre, en chino se le dice Chi, pero en realidad la idea es la misma que la occidental. Es fácil de entender.” Y recoge: “acá tienen una palabra muy linda que es ‘armonía’, el Chi es la armonía, no hay diferencia.”

Subraya que en la cultura china se desarrolla el poder interno de la persona. “Si yo siento que puedo entonces puedo, en la cultura china es más importante la realidad interna que la externa. La gente tiene muchos problemas porque todo el tiempo está luchando con lo de afuera, pensando en el trabajo, en las relaciones, en que el cuerpo sea feliz. Pero hay que buscar un equilibrio, los humanos tenemos que volver a atendernos a nosotros mismos y aprovechar la potencia que tenemos”.

También sostiene que la formación en medicina tendría que comenzar en el jardín de infantes: “En la cultura china no había diferencia entre un médico y otra persona, si una persona no entiende de medicina ¿cómo va a vivir mucho? ¿Cómo va a tratarse bien a sí mismo? si uno no está bien ¿cómo va a dar amor al otro? entonces ese amor es una pesadilla para el otro”.

¿Todas las enfermedades son curables?

Liu Ming afirma que no hay enfermedad que no se pueda sanar. “Primero tenemos que entender la razón por la que nos enfermamos. La vida, cuando comienza, es sana, es un gran regalo de Dios, él está en nuestro cuerpo por lo que somos iguales a él y eso nos da mucha potencia. Pero hay hacer que vuelva a funcionar la parte del cuerpo que no funciona, eso se cura todo”.

Observamos que el lugar de Dios es crucial en su concepción. “La ciencia de ahora se considera muy poderosa pero está alejada de Dios y así se le enseña a los chicos. Se les dice que el hombre viene del mono, si entendiéramos su origen divino todo sería mucho más fácil”.

En la misma línea, sostiene que los problemas existenciales y de falta de sentido del hombre actual, provienen, como ya había insistido antes, en poner lo material en primer lugar, creer que lo más valioso es el oro, un auto importante, el mejor celular, “lo considera su tesoro”, dice Liu Ming, “todo este mundo material ensucia el aire y nos enferma”, añade.

También hablamos del Tai Chi y de la meditación y retoma el error de enfoque del hombre actual. “La gente hace justo al revés, lo que no le importa es importantísimo y las cosas más importantes no son consideradas de valor. Esa es la razón por la que se enferma la gente, y mientras no se reconozca y se aborde la razón por la que se produce una enfermedad, no podrá ser sanada”.

El privilegio de tener de paciente al Papa

No podíamos irnos sin preguntarle sobre su relación de largos años con Jorge Bergoglio, cardenal argentino convertido en 2013 en el Papa Francisco.

Relata que la última vez que lo vio fue en octubre de 2013 en el Vaticano: “Cambió su traje pero cuando se le mira a los ojos se ve el mismo sentimiento de siempre. La verdad es que es una gran persona, lo acompañé más de ocho años y para mí es un orgullo, aprendí mucho de él.”

Reconoce que cuando tocó su mano por primera encontró dificultades grandes con su salud, pero que es increíble lo rápido que se curó. Considera que no hay una persona más sana que él porque su forma para mantener la salud se llama “sin ego”.

“Es una persona totalmente espiritual y sin ego, no hay cosa más poderosa que eso”, concluye.

 

VIDEO de la entrevista

 

AUDIO de la entrevista

No hay enfermedad que no se pueda sanar. Con el Dr. Liu Ming

Monica Baum, julio 2018

Texto publicado originalmente en NewsArgenChina