Los insignificantes grandes maestros pululan en todos lados

Esta mañana fui al taller «Los 7 chakras, movimiento y expresión» y me impactó cómo la instructora Anabella Baldo se entregó

Anabella Baldo

Anabella Baldo

completamente al evento, sin sobreactuar, sin entrar en trances, mirándonos a los ojos y, con sencillez, invitarnos a recorrer nuestro interior para sanar, soltar, conocernos, o lo que a cada uno le llegue.

Cuántas iniciativas de estas hay todo el tiempo en todos lados, y cada vez más!: personas “comunes y corrientes” que, desde el lugar que más placer les dé o desde lo que más saben, ofrecen a otros acompañar en este recorrido hacia el autoconocimiento.

Pensaba en otro taller al que podría haber ido hoy, el de constelaciones del Dr. Fain, o escuchar el programa de radio de Luis Daniel Vítolo y compañía, donde hablan de bioneuroemoción, numerología, psicología; la siembra que hace todo el tiempo Maru Lina, los talleres sobre Espiritualidad Consciente que organiza Rafaela Lía con Melina Litauer, y tantos más. Gente que dejó opciones de vidas más tradicionales para dedicarse a asistir a otros, de manera grupal o individual, a explorar su interior y conectarse con su alma. Gran parte de este trabajo no les da grandes dividendos económicos, lo tienen que complementar con otras formas de ingreso o apenas “quedan hechos”. Pero siguen porque entienden que es lo que deben hacer para ser fieles a sí mismos y, sobre todo, es lo que desean hacer, les da placer y satisfacción.

No puedo evitar comparar este paradigma nuevo que lleva al despertar interior, al amor a uno mismo, con el que está en las antípodas: un dogma que nos llenó de “deberes ser” externos, de obedecer con culpa a un dios que da migajas, que se dice amor pero que nos mantiene esclavos de una suma acumulativa de rezos y buena conducta, donde la autoreferencia es condenada como egoísmo. Ese dios claramente no es un dios, y no tiene nada que ver con la divinidad que todos somos.

Reconocernos en un lugar de potencialidad donde la fuente de amor y paz es nuestro propio corazón y donde ponerse a uno como prioridad es una espiritualidad con otro abordaje. Es el nuevo paradigma que ya están siguiendo estos insignificantes grandes maestros que nos dan lo que han cultivado en su interior y nos ayudan a despertar. Por suerte, pululan en todos lados, van en aumento y no esperan a ser un Enric Corbera o un Ismael Cala para divulgar el hecho de que el camino más corto a la felicidad y a la paz es ir hacia adentro de nosotros mismos.

 

Mayo 2016