Marcela Parolin. Nuevas constelaciones cuánticas

Lo que sanamos en nosotros mismos libera a nuestra descendencia.

Marcela Parolin es consteladora familiar cuántica, maestra especialista en las Nuevas Constelaciones. Es especialista en autoestima y liderazgo desde hace años y hoy día está abocada a la formación de nuevos consteladores, a brindar talleres y consultoría presencial y a distancia.

Durante años hizo voluntariado en sitios de extrema pobreza en el interior de Argentina, Perú y viajó también a asistir en organizaciones en Colombia, México, Ecuador e incluso India y Nepal. “En realidad, la que necesitaba ayuda era yo. Iba a ayudar para sentirme bien conmigo, asistiendo al mandato, para que digan «¡Qué buena que es Marcela! ¡Está ayudando a todo el mundo!».
Luego de años de trabajo consciente, encontró un nuevo camino a través de las Constelaciones Familiares y luego de las Nuevas Constelaciones Cuánticas. Marcela sigue la línea de Brigitte Champetier de Ribes, discípula de Bert Hellinger, quien tomó el conocimiento de los años más activos de su maestro y desarrolló esta nueva mirada.

“Cuando las constelaciones llegaron a mi vida me ayudaron a poner orden en todo eso que yo venía haciendo con mucho compromiso y esfuerzo, pero donde había lealtades invisibles a mis ancestros que no me permitían poner en eje ni ser más exitosa que ellos”, relata Marcela.

Qué son las Constelaciones Familiares

Bert Hellinger definió a las Constelaciones Familiares como un tipo de psicoterapia que ordena al sistema familiar de acuerdo con ciertos principios básicos llamados “órdenes del amor”: el derecho a pertenecer, el equilibrio entre el dar y el recibir, y la prioridad de los anteriores u orden de las jerarquías. Por su parte, Brigitte Champetier de Ribes, una de las principales promotoras de Hellinger y con quien se formó Marcela Parolin, las denomina “las fuerzas del amor” y considera su práctica una filosofía de vida. Las fuerzas del amor son los pilares de esta filosofía cuya premisa base es “Asentir a todo como es y a todos como son”.

“Cuando hablamos de las nuevas constelaciones cuánticas, hablamos de una filosofía de vida, no estamos hablando de leyes sino que las personas vamos entrando en una nueva dimensión cuando vamos tomando conciencia que donde estamos ubicándonos en nuestro sistema familiar no es el mejor lugar para nosotros y por ende, para los que nos rodeen. Entonces, comenzamos a gestionar nuestras emociones y nuestras conductas en beneficio de todos, pero primero de mí”.

Este concepto de Hellinger ya fue revolucionario en sus principios pues contradecía los mandatos religiosos de occidente, más aun teniendo en cuenta que él mismo fue misionero católico: siempre, lo principal es uno mismo, y es el punto de partida para cualquier movimiento hacia el otro.

En relación al abordaje de cada taller grupal, Marcela explica lo que obtendrá el consultante o cliente: “Constelar es ver un asunto de su propia vida que no está pudiendo resolver o en el que quisiera estar mejor, y lo va a ver desde un lugar de espectador, ya que otras personas lo van a representar para él. Porque cuando estamos dentro del problema a veces no podemos ver la salida, sin embargo, cuando observamos y tomamos conciencia, lo liberamos”.

Cómo es un taller de Constelaciones Cuánticas

Si bien las nuevas constelaciones mantienen el formato grupal de las tradicionales, existen algunas diferencias muy interesantes, explicadas en detalle por Parolin:

“En una constelación grupal nos sentamos en círculo y pregunto quién quiere constelar, y casi todos levantan la mano porque todo es constelable ya que todo es energía. La gente viene a constelar cualquier cosa, un problema de salud, de relación, enfermedad, un juicio, una herencia. Y hago pasar a la persona que me es indicada a mi lado”.

Marcela explica un detalle que no es menor: “En las constelaciones familiares tradicionales se hacía una entrevista previa, en las cuánticas no. ¿Para qué quiero información si trabajo con energía? solo pregunto cuál es el tema que quiere trabajar y a veces ni siquiera eso. Cuando trabajo en el interior, en pueblos chiquitos donde todo se comenta, ni siquiera se dice el tema. Por eso, lo que tienen las cuánticas es que son muy reservadas, aunque sean grupales. Hay gente que no se anima a expresar su dolor públicamente entonces lo puede trabajar sin que los demás asistentes sepan de qué se trata”.

El paso siguiente, explica, es que “le digo a la persona que va a constelar que mire a cada uno de los del grupo y que elija a alguien que lo represente. Esa persona puede decir que no está disponible, está en su derecho, pero si acepta –como ocurre habitualmente porque todos nos ayudamos entre todos– ese representante pasa al centro del círculo… y esperamos un ratito.
Lo único que sabe ese representante del que está sentado al lado mío constelando es que lo está representando, no tiene ninguna información de su vida. Sin embargo va a empezar a sentir en su cuerpo cosas que no son propias, quizá sienta calor o frío, quizá se sienta triste, se tire al suelo. Nos está mostrando lo que le está pasando a esta persona energéticamente con relación a este problema que trae”.

En las constelaciones tradicionales el consultante o el constelador eligen a personas del público para que representen al padre, a la madre y a otros integrantes del grupo familiar. “En las cuánticas solo se elige un representante para la persona que elige constelar y lo demás lo muestra el campo. ¿Qué quiere decir esto? que el constelador va a invitar a todos los que sientan que son llamados a que entren a la constelación… y van entrando tomados por la energía.

Y en base a lo que se conforma, puedo ver el bloqueo que existe en el sistema familiar de esta persona por el cual no está pudiendo lograr lo que pretende. Porque hay cosas que no son visibles y duelen, cosas que están “debajo de la alfombra”, lealtades invisibles de muchas generaciones atrás, entonces a lo que apuntamos con las cuánticas es a lo que no se ve, porque nos lo está mostrando el campo con los representantes que se presentaron. Esto permite una toma de consciencia que es la gran sanadora, dice.

Este trabajo energético impacta también a todos los que están sentados, todas las personas se van con algo trabajado para liberar en su vida. “Para darle la oportunidad a que todos los asistentes se vayan con algo elaborado, realizamos ‘mini constelaciones’, de a dos o tres personas, donde cada uno va a trabajar aquello por lo que asistió al taller, pudiendo hacerlo sin siquiera decir de qué se trata”, explica.

Salir de la mente y rendirse

Le pregunto a Marcela si esta energía sanadora es algo como el concepto de Dios con el que crecimos, dice que “no hace falta creer en Dios, ni está mal que crean, cada uno elige”. La religión o la espiritualidad no son esenciales en esta propuesta sistémica, pero sí el centrarse más en el corazón y dejar la razón en un segundo plano.

“Es ‘me rindo’ ¿por qué quiero ir a la mente todo el tiempo? ¿Por qué le quiero encontrar una explicación a todo? Ya no le busco más explicación. Actúo y sucede. Dejemos la mente”.

Y agrega sobre ella misma: “me sigo cultivando, sigo leyendo pero ya lo solté, hace 20 años me comía los libros. Basta, la mente ya está colapsada, ahora el camino es del corazón. El camino del amor es desde el corazón.

La diferencia entre rendirse y resignarse o dejar de luchar es asentir a todo como es, aunque me duela, aunque no lo entienda. Cuando dejo de pelearme, de renegar, de reclamar, las cosas comienzan a suceder”, insiste.

Esto sirve también para los reclamos hacia los padres. “El que sigue renegando de sus ancestros está en el ‘estado niño’ del ser. Está atrapado por el no asumir su adulto, entonces sigue ‘haciendo berrinches’. El adulto dice ‘mi papá hizo lo que pudo con lo que él recibió. Mi mamá también hizo lo que pudo. Los honro tal y como fueron porque, si la situación fue dura, me hice más fuerte para ir hacia el futuro que yo mismo elijo, como adulto que soy hoy”.

Pero pone luz sobre un aspecto importante: “No se trata de poner bajo la alfombra o del famoso ‘soltar’. Si lo suelto el conflicto va a volver a aparecer una y otra vez de distintas maneras; se libera cuando lo integro, sucede cuando tomo con amor mi dolor y me inclino ante eso entendiendo que fue un aprendizaje para mí. Entonces ahí sí estoy liviana para decir ‘lo solté’. Pero si no, no soltaste nada”, subraya. Todo lo que rechazo, crece. Todo lo que integro, desaparece.

Dejar de querer cambiar al otro

El que todo pase por uno también significa que todo termina en uno. Pero no, en general queremos solucionar los temas del otro. “Tengo que dejar que el otro solucione sus temas y cambiar mi mirada con respecto al otro.

¿Por qué en las parejas uno siempre quiere cambiar al otro? si la elegiste porque te gustó como era, ¿por qué después estamos todos en el afán de querer cambiarla? Si no me gusta como es, me corro y busco a alguien que me guste como es. Porque a mí tampoco me gusta que me quieran cambiar entonces por qué quiero que el otro cambie. Si vos te cambiás a vos, si te ubicás vos en el lugar que te corresponde, él probablemente se empiece a mover, o se va, o querrás que se vaya y está bien”, explica.

Marcela Parolin cuenta durante la entrevista varios casos trabajados en las constelaciones, cuál es el papel que asumen los niños al enfermarse, cómo trabajar los casos de abusos, las enfermedades crónicas, hasta cuándo los padres debemos hacernos cargo de nuestros hijos, el sugestivo tema de la abundancia y la prosperidad, todo buscando ordenar el sistema familiar y aceptando todo tal y como fue sin querer cambiarlo, entendiendo que eso fue necesario para que estemos aquí ahora.

Todo en las constelaciones es muy sencillo y muy profundo. “Las constelaciones te dan vuelta la cabeza y te dan vuelta la historia”, dice y agrega otro de los conceptos fundamentales de las Constelaciones Familiares:

“Lo que trabajamos en nosotros mismos, no solo nos sana a nosotros libera a nuestra descendencia”.

Sesiones y formación en Constelaciones Cuánticas

Marcela Parolin realiza tres modalidades de constelaciones: en grupo, de manera individual y a distancia. “La energía no conoce distancia ni tiempo, los resultados son los mismos en la sesión virtual”, sostiene.

También dirige Constelar.red, una escuela de formación en las Nuevas Constelaciones, cuyas clases este año comienzan en el mes de abril. La formación dura dos años y se compone de siete módulos por año. “El primer año es de autotransformación, porque nadie puede ser constelador cuántico si no está en eje, si no está ordenado en su sistema, si no está reconciliado con todo lo que sucede alrededor”, explica. En su sitio web puede descargarse el programa completo.

Cualquier persona puede ser constelador, no son necesarios estudios previos, “siempre y cuando esté dispuesta a abrirse a las fuerzas del amor, porque se trata de conectar desde el corazón y no desde la mente, y todos tenemos esa capacidad”, aclara.

La formación es presencial, se realiza en el barrio Villa Urquiza, de la Ciudad de Buenos Aires, donde el próximo viernes 3 de abril a las 19 hs. se realizará una nueva charla informativa. La cursada es una vez por mes de un día y medio intensivos; sábado todo el día y domingo hasta el mediodía.

Consultas:

  • Sitios web: www.constelar.red y www.refleja.com
  • Whatsapp: formación y talleres+549 1136592654 Consultas individuales +549 1144094406
  • Redes sociales: Instagram y Facebook: @marcelaparolin. Twitter: @reflejatuamor

VIDEO de la entrevista

AUDIO de la entrevista

Constelaciones Cuánticas. Una posibilidad de orden para todos los que sientan el llamado

Monica Baum, marzo 2020