Pablo Almazán. Bioexistencia consciente

La Ley de la Atracción ya fue, ahora creamos nosotros

Siempre me generó cierta resistencia el discurso excitante y exitista de la Ley de la Atracción. Si bien creo que nos rodeamos de lo que concuerda con la energía que tenemos adentro, también veo que su propuesta no dista demasiado del discurso religioso que pone nuestras dichas y desdichas en un dios externo, lejano y muchas veces muy poco amoroso.

Con la Ley de la Atracción seguimos dependiendo del afuera y nos llenamos de frustración y culpa si no atraemos lo que deseamos. Al fin y al cabo, replica la valoración de la propia carencia y nuestra dependencia de la misericordia, ejes de la cultura judeocristiana.

“La Ley de la Atracción establece que vos atraés algo hacia vos, para eso tiene que haber sido creado por otra persona o desde otro lugar. Pero esto no es así, no hay Ley de la Atracción, yo soy el creador de eso, yo lo estoy poniendo ahí”, dice Pablo Almazán, un experto en sistemas y paisajista que en 2011, junto a su pareja Lucrecia Bianchi y tras un seminario de Brian Weiss, dejó todo para desarrollar Humano Puente, una propuesta que intenta ir más allá de resolver un conflicto o un problema de salud para transformar la vida toda.

Si bien parte de la decodificación de los síntomas, desafía al consultante a verse como el creador de esa situación, no simplemente como alguien que la atrajo y que le permitiría permanecer en un lugar de víctima. “El síntoma es el gran maestro, sostiene Almazán. Lo primero que te va a enseñar tu síntoma es todo lo que ya creaste”.

Entonces, ya no atraemos sino que somos creadores de todo lo que nos sucede, pero lo podemos modificar. Esa es la proposición: “¿Querés crear otra cosa de acá en adelante? vemos qué creaste hasta acá sin darte cuenta y eso te va a servir para recordarlo, revivirlo y repararlo, y ver que tu realidad cambia”, reta. Por eso habla de Bioexistencia Consciente: “Es un camino de conciencia, una puerta de entrada a lo más profundo y al más alto nivel de conciencia a la que puede llegar un ser humano”.

El mensaje del síntoma

Almazán reconoce que comenzaron maravillados con la idea de que una emoción podía impactar en la biología. “Eso nos sedujo, fue tan fácil y tan rápido comprobarlo, pero después de esta propuesta hameriana hubo una meseta, no se pasó a otros niveles, y lo que vimos fue que si íbamos más profundo, no solo se veía modificada la biología sino la realidad completa de la persona”. A esto le suma un reconocimiento a la idea que ya proponían los pueblos originarios, de que la energía se convierte en materia.

“[Ryke Geerd] Hamer nos dio la pista de qué energía hay detrás de cada manifestación en la biología y, como habíamos hecho esa traslación a la realidad toda, no podíamos dejar de suponer e intentar comprobar que detrás de cada cosa de la realidad de esa persona hay una historia relacionada. Ahí fue que, además de llegar por síntomas físicos, llegó gente por otros problemas, como cuestiones de pareja, de relaciones con los padres, no tener dinero o casa, no tener hijos, etc.”.

Una sesión es como un viaje a vidas pasadas para recordar, revivir y reparar hechos que determinaron el síntoma en el presente. Porque no es solo buscar lo que sucedió, “la magia viene cuando ves que podés reparar lo que pasó”, explica Almazán.

Ahí es cuando el desafío cobra otra dimensión porque la cuestión es no quedarse de un lado de la historia sino lograr una sanación completa. Lo explica con un ejemplo:

Cuando vemos a un violentado vamos [internamente] a quien lo violentó y cuando lo encontramos, vamos también a la infancia del violentador, a ver en qué punto de su infancia se volvió violento y sanamos a aquel niño. Muchas veces terminamos descubriendo que la persona que ha sido violentada incorporó a su violentador. Por eso, cuando sanás al violentado, aún te falta sanar al violentador para que esta persona termine de sanar.

La persona consulta por el síntoma y este desaparece pero porque ella se reencuentra profundamente con lo que vino a hacer a la tierra, porque el síntoma es el aviso de que perdió su eje. “Hasta que no llegamos a ese punto no consideramos que hay una sanación. Sí hay una curación de una verruga, de un cáncer, de una celiaquía, pero llamamos sanación al proceso en que una persona se convierte en otra, en la persona que vino a ejecutar un rol maravilloso y universal en la tierra”, explica Almazán.

El papel de las personas que nos rodean

En un principio, las terapias basadas en descodificación biológica sostenían que uno no puede sanar a otro sino solamente actuar sobre uno mismo, lo cual no dejaba de ser saludable ante la pandemia del Síndrome del Salvador difundido por las religiones. Sin embargo, Pablo Almazán propone dar una vuelta más a esta hipótesis:

“Si yo me reconozco creador de mi realidad, no puedo llevar a cabo mi teatro de aprendizaje si no contrato a todos los actores para mí. Lo que sucede cuando alguien cambia es que recién ahí empieza a darse cuenta de que todos estuvieron actuando para él. El que sigue el mensaje de su síntoma y llega al fondo, se da cuenta de que el vecino cambió, que el trabajo cambió, que el trato con la pareja cambió, con los hijos… todos de repente cambiaron. Y no, el único que cambió es uno”.

Entender que permanentemente estamos creando escenas para despertarnos otorga un sentido mucho más compasivo y prometedor que el clásico “todo pasa por algo”, que, además, nos mantenía en el plano de lo irremediable.

Sanar es un acto de valentía

Este estado de conciencia hay que practicarlo, en el plano de las ideas no genera resultados para la vida concreta de la persona. “Para quien no lo practica es imposible entenderlo porque va más allá del lenguaje, de lo explicable”, dice y redobla la apuesta: “Sanar es un acto de desobediencia, de valentía. No se sana el que tiene miedo de sanar sino el que tiene más certeza que miedo.”

Ahí se vuelve a la idea primordial de las propuestas holísticas: el trabajo es de uno mismo, no hay otro trabajo.

 

Los consultores de Humano Puente superan los dos mil en varios países y continentes, entre los que se encuentran más de 200 médicos, psicólogos y psiquiatras, además de sacerdotes, religiosas y profesionales de las más diversas disciplinas. Si bien no poseen un sistema de entrenamiento profesional de consultores, ofrecen un proceso de formación de varios días y diversas herramientas con un fuerte arraigo en la intuición, “ese puente al conocimiento total”, declara.

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AUDIO de la entrevista

No atraemos lo que somos. Creamos nuestra realidad. Bioexistencia consciente con Pablo Almazan

 

 

Monica Baum, enero 2020