Roberto Pérez y Alejandra Ducca. Amar y amarse a uno mismo

“Lo mejor que hago por mí es lo mejor que puedo hacer por los otros”

“Lo primero que uno tiene que entender es que el amor al otro depende del amor a uno mismo, esa es la clave de un amor nutritivo con el otro” dice categórico, Roberto Pérez, conferencista internacional, abogado y ex sacerdote católico. Junto a su pareja, Alejandra Ducca, bioterapeuta de cristales, geometría sagrada y sonidos áuricos, proponen esta idea como eje central de un encuentro para individuos y parejas que realizarán en enero de 2020.

“Si no hay amor hacia uno mismo en lo concreto, que vaya más allá de lo intelectual; si no hay un cuidado en cómo voy nutriendo mis distintas energías, es difícil que pueda ir al encuentro del otro desde un lugar amoroso y creativo”, dice Alejandra.

“Es clave entender que lo que hacemos con nosotros afecta a los otros y lo que no hacemos con nosotros también afecta a los otros, continúa Roberto. Lo mejor que hago por mí es lo mejor que puedo hacer por los otros. Toda mi superación personal, mi enriquecimiento y desarrollo personal es lo que voy contagiando a los demás.

Enseñamos lo que sabemos pero contagiamos lo que vivimos y los primeros que reciben aquello que contagio son los seres queridos. Las personas que más amo son las beneficiarias del trabajo que hago conmigo en cambiar lo que tengo que cambiar y en optimizar lo que te tengo como dones y talentos.

Amar al otro no es solo decirle que lo quiero, que me encanta estar a su lado, darle cosas. Amar al otro es intentar que el otro crezca, madure y llegue a su plenitud. Pero si no lo hago en mí no lo puedo pedir en el otro”.

¿Qué es enamorarse?

Hablando del amor, enamorarse es el paso fundacional de una relación de pareja. “Pero no es suficiente, advierte Alejandra Ducca.

El enamoramiento tiene un plazo, durante seis meses se genera un impacto extra en nosotros por la generación de endorfina, serotonina y dopamina que pone toda mi energía en función de ese estado. Mi vida pasa a ser un encanto total y el otro es el objeto de esta plenitud que siento.

En ese período no puedo ver con objetividad aquellas cosas que luego empiezan a aparecer en la pareja y que no me molestaban porque no las veía. Pero ese entusiasmo para estar con el otro y esa admiración que pensé que tenía empieza a decaer.

Eso es así al inicio de todas las relaciones, por eso es importantísimo ir a ese encuentro lo más completo, lo más integrado, lo más amoroso con uno mismo que sea posible, para que no sea una relación desde las carencias. Porque las carencias de uno mismo atraerán a alguien que también está en carencia y serán dos carencias que se unen”.

Ahora bien, ¿qué camino hay que hacer para ir más allá de las propias necesidades y carencias, y de buscar en el otro la propia plenitud?

“Superarme a mí solamente para verme mejor sería egoísta, sostiene Roberto Pérez. La superación personal en mi energía física, intelectual, afectiva y espiritual es lo que alimenta el encuentro con el otro. Y ahí, el compromiso con uno mismo es la clave. Eso implica disciplina, tiempo y dedicación, cosa que parece imposible cuando las realidades sociales, el afuera, me perturban todo el tiempo.

El lugar del sexo y del eros

Alejandra señala que los seres humanos tenemos un cuerpo sexual energético que no atendemos. “Está ubicado en el bajo vientre donde también está el centro de la creatividad. Si no nos transformamos en artistas creativos a la hora de ir al encuentro de uno mismo o con el otro, esto se transforma en algo rutinario y en un trámite, en lugar de que sea un encuentro donde nuestros sentidos se exalten para que podamos acceder a nuestros sentidos extrasensoriales”.

En esta sincronía creativa ocupa un lugar preponderante el eros. “El eros son las ganas, dice Roberto. Puedo hacer sexo con ganas o sin ganas, puedo amar o tener un gesto de generosidad con ganas o sin ganas. En todo puedo poner esa energía, esa pasión, esa fuerza que le agrego a la acción en sí misma. El puente entre el sexo y el amor son las ganas, es el eros.

Al principio nos gustan muchas cosas de la otra persona pero lo que suele ser difícil es sostener las ganas. Se debilita cuando le pierdo el amor a la vida, cuando me desconecto y si no estoy bien conmigo, no voy a tener ganas de estar con el otro”.

Para estar bien con uno mismo, el autoconocimiento que vaya más allá de lo intelectual es fundamental. Dice Alejandra Ducca: “No se nos enseñó el diseño lumínico del cual estamos formados y que impacta sobre esta energía física y orgánica que vemos frente al espejo. Creemos que todo lo que nos pasa es una cuestión de circunstancias externas pero todo lo que nos sucede en nuestra realidad tiene que ver con cómo está nuestra energía sutil, lumínica y espiritual, y de qué manera estoy relacionada e integrada con ese aspecto que comanda mi vida”.

Este tipo de autoconocimiento se transformó en un imperativo, sostiene Alejandra. “Ya no es una opción no prestarle atención a ese ser lumínico que somos, porque la madre tierra, la Pachamama, ya no está vibrando en una consciencia de tercera dimensión, que es la tangible, donde todo lo podemos ver y tocar. La cuarta dimensión, que es la dimensión de consciencia en la que está vibrando la madre tierra, e incluso está comenzando a vibrar en quinta dimensión, nos invita a abrirnos a ese mundo intangible que es el que realmente comanda la realidad visible”.

Estas dos miradas de Roberto Pérez  y de Alejandra Ducca se unen en un aporte original: “Nosotros tenemos un lema: para que haya una mejor versión de uno mismo tiene que haber una mejor vibración. Alcanzar mi propósito en la vida y mi plenitud depende del estado energético en que vibro, el que depende de mi contacto con la madre tierra y con mi fuerza espiritual”, dice Roberto.

“Felizmente ahora se está comenzando a enseñar la autoconexión para saber cómo está nuestra propia energía. Si aprendemos a autogestionar un estado nutritivo a nivel lumínico y energético, eso nos reposiciona con nosotros mismos y con la relación con el otro”, agrega Alejandra.

Uno de estos espacios para el autoconocimiento es el taller “El arte de amar y de amarse a uno mismo”, que tendrá lugar del 17 al 19 de enero de 2020 en La Cumbre, provincia de Córdoba, Argentina.

“Aunque parezca un taller dirigido a parejas, está dirigido a personas individuales, explican”, insisten. Son tres días donde se mezcla la reflexión y las dinámicas vivenciales con espacios de silencio de encuentro con uno mismo. Y si hay parejas, habrá dinámicas específicas para ellas.

Consultas en contacto@robertoperez.net

 

 

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AUDIO de la entrevista

Amarse a uno mismo es el único camino para amar al otro

 

Monica Baum, noviembre 2019