Bertriz Goyoaga nos habla de la familia

Monica Baum: ¿Cómo es tu relación con tu familia?

Beatriz Goyoaga: Hermosas, están fuera, amo a mis hermanas, compartimos muy poco tiempo porque todos están en España, cuando estoy ahí estamos intensamente unidos y compartimos chismes, recuerdos, fiestitas, es una relación hermosa.

De niña, con sus hermanos

De niña, con sus hermanos

Ellos son muy católicos y conservadores, yo me he educado ya desde los 17 años por el mundo entonces mi vida es distinta, pero ellos ven también los cambios, aunque intelectualmente no los admiten pero ellos los ven. A algunos no les gusta mis cambios porque sienten que yo me creo superior y nada que ver. Sí creo que ellos podrían ser más felices si encontrasen su camino, el que sea, porque mucho alcohol, mucho cigarrillo no te lleva a la felicidad, te lleva a tapar los problemas.

En el fondo del corazón lo que se siente, yo creo, es una impotencia de “yo no poderme sentir tan cálida, tan sonriente, tan serena como tú, y si no me tomo una botella entera de vino no me puedo reír, sino sólo a partir de inducirme yo la risa y la sonrisa”. Y ese sentir es, en el fondo, un “a mí me gustaría estar ahí y no puedo entonces me enojo”.

MB: ¿Has construido tu propia familia?

BG: Yo pienso que Dios ya me mandó con algún motivo de vida, nunca he sentido la necesidad de tener hijos, más que alrededor de los treinta y pico de años, por dos o tres años sentí la necesidad de adoptar y después no sentí la necesidad de ser mamá. Soy mamá de amigas, soy mamá de madres, soy mamá de infinidad de gente que viene a contarme sus cuitas y soy mamá también de mis mascotas, soy mamá de mis plantas. La maternidad no es solamente biológica, vivieron conmigo cinco chicos de la calle durante dos o tres años hasta que ya eran tan grandes que tenían que seguir, eran de 19, 20 y pico de años, no eran niños.

O sea que soy mamá en otras formas, hay gente que es mamá de los abuelos y padres que hacen de mamá.

Bea Goyoaga de joven

Bea Goyoaga de joven

He tenido dos hermosas parejas con las que he convivido largos años. Del primer marido me divorcié, el otro falleció, y estoy muy plena. Si Dios me manda otra pareja pues, la aceptaré, pero no estoy buscando una pareja. Conozco muchas amigas que están desesperada, “preséntame uno de tus novios” y yo estoy plena charlando contigo, estoy plena tomando un café con un amigo, estoy plena yendo de viaje, estoy plena dando un curso, la felicidad la encuentro en mí y no tengo que buscar una pareja para que me sostenga.